Vidrios

Mi quinto CD

No elegí el tema. Empecé el quinto disco sin ninguna idea de conjunto, como siempre, una canción por vez y sin saber a dónde iba.

Fue en la sexta que me di cuenta. Había una mesa con un vidrio en Corrientes, había un reflejo, había una vidriera con una piedra adentro. Volví a leer las anteriores y estaba en todas. No lo había puesto: ya estaba.

Después de eso no lo forcé, pero tampoco lo esquivé. Aparecieron una tapa de acrílico sobre un tocadiscos, un vaso tallado que alguien mueve un centímetro, un espejo empañado, una persiana levantada. Once canciones. La palabra aparece en cinco, y en ninguna es el tema: siempre es una cosa que está ahí.

Hay una que es de 1979 y hay otra que es de ahora. Hay dos personas que existen y que dieron su permiso. Hay una que no habla de mí sino de nosotros.

De lo que trata cada una lo voy contando abajo.

Las manos son las mismas

Facetas

Soy padre, trabajo en sistemas, fui concejal de mi ciudad y escribo canciones. Cuando estoy en una de esas cosas, estoy en esa y no en las otras. No son máscaras. Es la misma persona haciendo cosas distintas.

La palabra faceta viene del tallado del cristal. Una piedra tallada no tiene una cara verdadera y otras falsas: tiene caras, y devuelve la luz según dónde esté parado el que mira.

La canción son cuatro escenas y nada más. Dos recién nacidos, un panfleto en un poste, una servilleta en un bar, un teclado a las tres de la mañana. No hay nada que las una y están puestas en desorden a propósito: no van de menos a más ni de antes a después.

La palabra faceta no aparece en la letra. Estuvo, y la saqué.

Una mesa en Corrientes

Y yo acá

Estaba sentado en un bar de la calle Corrientes, mirando por el ventanal. Uno vendiendo en la esquina, otro mirando una vidriera, los que volvían con las compras, el frío que obliga al abrigo.

En un momento vi que en el vidrio, encima de toda esa gente, estaba mi cara. Todos iban a alguna parte y yo era lo único quieto de la escena.

La canción salió casi entera de ahí. Lo único que agregué después fue la última línea, y cambió todo lo anterior: hasta ese momento estar quieto parecía algo que me pasaba.

El café se enfría al final y la gente sigue pasando. No hay ninguna conclusión.

Dos sílabas

Así de simple

Ocho y diez de la mañana, la misma esquina, la misma luz para cruzar. Ella pasaba todos los días y yo me quedaba con el hola sin usar.

La cabeza arma historias. Arma un muro con ladrillos que no están, y uno se convence de esperar el momento adecuado, que no llega nunca.

Un martes me salió sin preparar. Dos palabras.

Es la única del disco que se baila y la única donde alguien cruza. En el último estribillo hay una preposición cambiada respecto de los anteriores. Es todo lo que pasó.

Dos personas que existen

La balada del Negro y Haydée

Esta es la única del disco que no es sobre mí. Son dos personas reales, la escuché de ellos, y los dos la leyeron antes de que existiera.

En séptimo grado él le cambiaba el apellido para molestarla y le decía manzana. Se perdieron de vista cincuenta años. Se encontraron de grandes, con la vida hecha cada uno por su lado.

Él la invitó un sábado a la casa. Puso luces de colores, una galaxia en el techo, humo con olor a rosas. Ella entró, no dijo nada y se quedó mirando el techo. Bailaron toda la noche.

Sigue contando el chiste de la manzana, y se ríe él más que nadie. Ella lo mira reírse.

Yo la escribí mirando las fotos de ellos a la una de la mañana, y eso está en el final.

Lo que pasa en la fragua

No brilla

Empieza en una vidriera con oro, diamante y cristal adentro, y yo en la vereda mirando lo que no iba a comprar.

El acero no se templa de una sola manera. Va al fuego, recibe el golpe, entra al agua y se vuelve durísimo. Pero así, entero y duro, se parte igual. Hay que volver a meterlo al fuego, más bajo, para que ceda un poco. Eso se llama revenido, y es lo que hace que aguante.

No inventé nada de eso. Es el proceso tal cual es.

Es la única del disco con distorsión, y el único lugar donde digo que elegí mal y que algunos se fueron por culpa mía. El outro no resuelve: dice que el miedo sigue estando y que ya no decide él.

Mil novecientos setenta y nueve

La Tapa

Tenía catorce años y pasaba música en cumpleaños y bailes de club. Vendí la bicicleta para comprar los primeros discos.

Los tocadiscos de entonces tenían una tapa de acrílico que se bajaba mientras sonaba, para que la púa no saltara con los golpes. Todo el salón temblaba y esa era la única cosa quieta del lugar.

Cuando empecé a escribirla pensaba que iba a ser una canción triste: el que hace bailar a todos y no baila. Pero no fue así. Adentro de la fiesta estaba contento. La parte sola llegaba después, cuando prendían las luces y había que guardar cada disco en su lugar para encontrarlo el sábado siguiente.

Terminada, me di cuenta de que dice más de lo que yo quería decir. Hay cosas de esa época que no están en la letra y no las voy a poner.

Antes de conocerte

Dos voces de un mismo ser

Hay encuentros que no se explican con los datos. Uno conoce a alguien y tiene la sensación de haberlo conocido antes, en algún lugar donde no estuvo nunca.

No sé qué es eso ni pretendo saberlo. La canción no lo discute: lo da por cierto y sigue.

Está el norte, está una barca que el mar se llevó, están los que miden los años y opinan. Y está el verso que más me costó escribir, que es el que dice que cuando alguien me necesitó yo estaba ocupado con mi sangre. Eso no fue una elección, y no hay manera de contarlo sin que duela.

Termina diciendo que nada es fácil y nada es prestado. Es lo más parecido a una respuesta que tengo.

Bajar un cambio

Señales

Hay días en los que uno dice más de lo que siente y cierra puertas sin razón. Este disco no juzga a nadie, y esta canción tampoco: es a mí a quien le habla.

No todo dolor te hace bien y no todo lo que arde es crecer. Hay incendios que se apagan solos si dejás de darles aire, y peleas que se ganan el día que las dejás pasar.

Hay una puerta que, de un lado, solo se abre al tirar. Uno empuja y empuja y la salida estaba en hacer lo contrario.

El día que la escribí no fue un buen día. Pero el día pasó, y aunque no encontré ninguna respuesta, volví a escucharme.

Nosotros

Somos mucho más

Es la única del disco que no dice «yo».

Un maestro que camina la montaña con la tiza y abre la escuela aunque no venga nadie a ver. Un plato que se suma a la mesa sin preguntar de dónde viene el que llegó. Una ciencia, una vacuna, un tango donde no había ninguno. El extraño que se hizo compañero y el que vino de lejos y se hizo hermano.

La escribí cuando les tocó llevar la marca de un juicio escrito sin mirar. Pero no es una canción sobre eso. Un domingo no nos resume, ni una copa, ni una derrota.

En la casa hay un cuarto con las islas frente al mar. No se olvida lo que duele todavía.

El final dice algo que no diría en ninguna otra canción del disco: que si nunca lo viviste, está bien.

Lo que completé yo

El reflejo que inventé

Me enamoré del amor. Le puse voz a los silencios de otra persona y luz a su manera de mirar, y mientras dibujaba eso dejé de verla.

No mintió nadie. Hablábamos distinto: ella era una persona y yo estaba escribiendo un mito.

Es un dúo, y no por adorno. Hacía falta que la otra voz contestara, porque una historia inventada de a uno solo se desarma cuando el otro habla.

Al final no perdí a nadie: perdí la historia que escribí sobre los dos. Se cayó como la lluvia sobre un vidrio, y ahí la vi.

Enamorarse es imaginar. Amar es ver.

Los días siguientes

La persiana

Es la única del disco que no escribí desde el recuerdo.

Son tres momentos. La última vez que la acompañé con la mirada hasta que entró. El espejo del baño unas mañanas después, con dos cepillos abajo. Y una persiana levantada en una calle por la que paso.

Ella no aparece en ninguna de las tres. Está del otro lado y no se la ve.

Dura dos minutos y treinta y cinco segundos. Las demás promedian cuatro y veinte. No tiene estribillo porque no vuelve a ningún lado: avanza y se termina.

Es la última del disco y no podía ir en otro lugar.

© Octubre 2026, Alberto J. Yualé

Libertad

EL ARBOL DE GUERNICA

Escribí esta canción con la historia del roble de Guernica, que dió origen al famoso cuadro de Picasso. Un retoño de éste árbol, plantamos en la casa de mi amigo Hernán. El mismo camino que hizo el árbol hasta llegar a mis manos, lo hicieron mis abuelos para quedarse acá.

Tanto el árbol como mi sangre, buscaron libertad, echando raíces en nuestra tierra.

El roble de Guernica es un árbol legendario situado en España, en la localidad vasca del mismo nombre.

Su importancia cultural radica en que funcionaba como un punto de encuentro histórico. Representantes de siete provincias vascas, incluyendo las francesas, se congregaban bajo este enorme roble para debatir y resolver los problemas comunes de sus pueblos.

En cuanto a su historia, el árbol atravesó un momento crítico durante la Guerra Civil Española, cuando Francisco Franco se alió con los nazis y ordenó el bombardeo de la ciudad de Guernica, un trágico evento que inspiró el famoso cuadro de Pablo Picasso. A pesar de la devastación que sufrió la localidad, el roble se salvó milagrosamente de las bombas.

Con el tiempo, el árbol histórico terminó secándose, pero antes de que muriera se extrajeron retoños para preservar su linaje. Gracias a esto, hoy en día existen árboles que son «hijos» o «nietos» del roble original, cultivados a partir de sus semillas en diferentes lugares, como en Tolosa.

Canción: Libertad
Album: Mi Razón
Letra: Alberto J. Yualé
Musica e Interpretación: Suno

Libertad – Mi Razón – © 2026 Alberto J. Yualé


Bajo un roble en Guernica nació la palabra,
siete pueblos sentados buscando verdad.
No era madera, no era una rama:
era el árbol que guarda el derecho a soñar.


Y aunque el mundo se incendie,
aunque caiga la noche sin piedad,


la libertad se hace camino siempre,
entre las cenizas vuelve a florecer.
Ni el fuego, ni el miedo, ni el mar sin orillas
le ganan a las ganas de volver a nacer.
La libertad se hace camino siempre.


Vino el cielo a escupir su condena,
un grito en blanco y negro sobre la ciudad.
Ordenaron las bombas, sembraron la pena,
pero el viejo roble no supo callar.
Firme entre el humo, raíz que no se quema,
faro encendido en mitad del final.


la libertad se hace camino siempre,
entre las cenizas vuelve a florecer.
Ni el fuego, ni el miedo, ni el mar sin orillas
le ganan a las ganas de volver a nacer.


En esos mismos años de cielos cerrados
mis abuelos dijeron: hay que partir.
Dejaron Génova, el puerto, lo amado,
cruzaron un océano para poder vivir.


Y en mi pueblo lejano,
encontraron un suelo donde echar raíz,

 

la libertad se hace camino siempre,
entre las cenizas vuelve a florecer.


Hoy tengo en mis manos un hijo de aquel roble,
viajó desde el norte buscando un lugar.
Voy a hundir sus raíces donde todo es posible,
en la misma tierra que abrazó a los míos al llegar.


Dos historias se trenzan en un mismo cantar:
el árbol y mi sangre cruzando el mar.


La libertad se hace camino siempre,
entre las cenizas vuelve a florecer.
Ni el fuego, ni el miedo, ni el mar sin orillas
le ganan a las ganas de volver a nacer.
La libertad se hace camino siempre.


La vida prevalece…
la libertad se hace camino siempre.

 

Audio originales de Héctor Herrero

© Octubre 2026, Alberto J. Yualé

Almas Perdidas

Hay personas que no pierden casas, dinero ni objetos. Pierden algo mucho más difícil de reemplazar: un amor, una pasión, una ilusión, una parte de sí mismas.

Y a veces, después de esas pérdidas, quedan detenidas.

La vida continúa alrededor, pero ellas permanecen mirando hacia atrás, conversando con recuerdos, esperando algo que ya no está. No necesariamente porque quieran vivir en el pasado, sino porque todavía no encontraron la manera de regresar.

De esa idea nació Almas perdidas.

Pero mientras escribía la canción apareció otra pregunta, quizá todavía más difícil: ¿qué sucede cuando nos enamoramos de alguien que está en ese lugar?

¿Cómo se ama a una persona que todavía mira fantasmas que nosotros no podemos ver?

¿Hay que ayudarla?
¿Esperarla?
¿Insistir?
¿O llega un momento en que hay que soltar?

La canción no intenta responderlo de una manera sencilla.

El protagonista se acerca “despacio, sin hacer ruido”, consciente de que acompañar no significa irrumpir. Entiende que amar no da derecho a borrar el pasado del otro ni a obligarlo a olvidar. Y descubre algo todavía más importante: tampoco puede convertirse en su salvador.
Por eso Almas perdidas no es una canción sobre rescatar a alguien.

Es una canción sobre permanecer cerca sin invadir.

Sobre aceptar que algunas heridas necesitan tiempo. Sobre perdonar aquello que quizá nunca terminemos de comprender. Sobre tener paciencia cuando el amor no avanza a nuestra velocidad.

Pero también sobre no desaparecer nosotros dentro de la espera.

Hay una línea que para mí define buena parte de la canción:

“aprendiendo a esperarte sin dejarme apagar.”

Porque amar a alguien que todavía está peleando con su pasado puede convertirse también en nuestra propia batalla. El desafío es acompañar sin exigir, pero también sin rompernos en el intento.

Por eso aparecen tres palabras que funcionan casi como el corazón de la canción: aceptar, perdonar y tener paciencia.

El amor no siempre puede solucionar el dolor. A veces sólo puede sentarse a su lado.

Y de allí nace también el “una y mil veces más”.

No como una promesa ciega de insistir eternamente, sino como la decisión de volver a intentar mientras todavía exista, de los dos lados, alguna voluntad de regresar.

El final quizá sea la parte más delicada de toda la canción. Ya no hay pedidos ni condiciones. No se exige que esa persona esté preparada, ni que corra hacia quien la espera.

Solamente queda un deseo:

que algún día, cuando pueda hacerlo sin miedo, se anime nuevamente a vivir.

Almas perdidas nació en castellano, pero después encontró otras voces y otros idiomas. Llegaron las versiones en inglés, italiano y francés. Y esta última incluso terminó sonando en París.

Tal vez sea porque, más allá del idioma, hay algo profundamente universal en esta historia.

Todos hemos perdido algo alguna vez.

Y probablemente todos, alguna vez, estuvimos de uno de los dos lados de esa puerta: esperando que alguien regresara… o intentando encontrar el camino para volver.

Una y mil veces más.

 

Escuchar «Almas Perdidas» en castellano

Escuchar «Je Te Choisirais Encore» en francés

Escuchar «Mille Volte Ancora» en italiano

Escuchar «I’d Still Choose You» en inglés


© Septiembre 2026, Alberto J. Yualé

Desde el primer abrazo

Hay discos que nacen de una idea, de una historia o de una búsqueda musical.
Este nació mucho antes.

Nació el día en que tuve a mis hijos en brazos por primera vez.

Desde mi primer abrazo es un EP de tres canciones dedicado a Franco y Julia. No pretende contar toda nuestra historia —sería imposible hacerlo en unas pocas canciones—, sino detenerse en algunas de esas cosas que quedan entre un padre y sus hijos: recuerdos, errores, silencios, orgullo, aprendizajes y, sobre todo, amor.

También es una manera de mirar hacia atrás desde el lugar en el que estoy hoy.

Cuando uno se convierte en padre nadie le entrega un manual. Uno hace lo que puede con la persona que es en ese momento, con su propia historia, sus miedos, sus ausencias y sus sueños. Con el tiempo descubre cosas que hizo bien y otras que hubiera querido hacer de otra manera.

“Es un varonazo” está dedicada a Franco.

Empieza justamente en aquel instante en que un médico pronunció esas palabras y mi vida cambió para siempre. Recorre pequeños recuerdos de su infancia, nuestras distancias, mis propias deudas como padre y algo que para mí es mucho más importante que intentar borrar el pasado: haber podido hablarnos, entendernos y encontrarnos nuevamente.

Hoy puedo mirarlo y sentir orgullo por el hombre que es.

“Palabras prestadas” está dedicada a Julia.

Nació de un mensaje y de algo que comprendí al leerlo: muchas veces sentimos cosas enormes pero no encontramos nuestras propias palabras para expresarlas. A veces necesitamos tomar palabras de otro para poder decir una verdad que ya estaba dentro nuestro.

La canción habla de eso, pero también de una relación construida muchas veces desde los silencios. De descubrir que mientras yo creía estar sosteniéndola, muchas veces era ella quien me daba motivos para seguir adelante.

Y después está “Carta a mis pibitos”.

Ahí ya no les hablo por separado.

Les hablo a los dos.

Es probablemente la canción que mejor explica por qué quise hacer este EP. No quería dejarles solamente recuerdos. Quería dejarles algunas ideas que pudieran acompañarlos cuando yo ya no estuviera cerca para decirlas.

Que sean quienes quieran ser.

Que escuchen la música que quieran escuchar.

Que bailen si tienen ganas de bailar.

Que no permitan que nadie les diga cómo deben vivir su vida.

Que persigan lo que los haga felices.

Y, sobre todas las cosas, que aprendan a aprobarse a sí mismos.

Porque llegará un momento en que tendrán que tomar decisiones sin poder preguntarme qué haría yo. Y cuando llegue ese día, no quisiera que intentaran vivir como yo hubiera vivido.

Quisiera que vivieran como ellos elijan vivir.

Estas tres canciones no hablan de un padre perfecto.

Hablan de un padre que aprendió a ser padre mientras sus hijos crecían.

De alguien que algunas veces estuvo, otras veces no supo estar, se equivocó, volvió a empezar y terminó comprendiendo que ser padre quizá tenga menos que ver con tener todas las respuestas que con intentar convertirse siempre en un lugar al que los hijos puedan volver.

El título apareció casi solo.

Porque antes de las palabras, antes de los consejos, antes de los errores y de todo lo que vino después, hubo un momento muy sencillo: los tuve en mis brazos.

Y desde aquel primer abrazo supe que algo de mí iba a acompañarlos para siempre.

Este disco es para ustedes, Franco y Julia.

Desde el primer abrazo y para toda la vida.

Los amo, pibitos.

© Septiembre 2026, Alberto J. Yualé

Profundo

Un viaje hacia el lugar donde nacen las canciones

Profundo es mi tercer album CD (aunque es mi sexta producción)  y nace de un lugar al que no siempre resulta sencillo entrar: lo más profundo de mi corazón.

Aquí conviven mis momentos felices y mis heridas, el deseo y la ausencia, las personas que permanecieron, los amores que no pudieron ser, el camino recorrido y las preguntas que todavía me acompañan. Cada canción es una parte de ese viaje, pero también una forma de mirar hacia atrás y comprender de otro modo aquello que viví.

El disco comienza en el territorio del deseo, de la pasión y del encuentro entre dos cuerpos. Pero también habla de una intimidad más serena: perderse juntos en una ciudad desconocida, bailar en una cocina, conversar hasta que amanezca o descubrir que la felicidad muchas veces se esconde en acontecimientos pequeños que decidimos cuidar. En Profundo, el amor no aparece solamente como una emoción extraordinaria, sino también como la decisión cotidiana de compartir la vida.
Sin embargo, amar también significa encontrarse con las heridas del otro y con las propias. Algunas canciones hablan de aquello que no supe ver a tiempo, de los silencios que terminaron construyendo distancias y de la necesidad de una confianza sin puertas escondidas. Otras hablan de acompañar sin invadir, de esperar sin intentar salvar al otro y de comprender que amar no siempre significa correr hacia alguien: algunas veces significa quedarse cerca sin dejar de cuidarse uno mismo.

También están presentes los amigos, las mesas compartidas, las copas levantadas por quienes siguen aquí y por quienes ya no están. Está el paso del tiempo y la certeza de que todavía podemos llamar, abrazar, agradecer o pedir perdón. Porque muchas veces comprendemos el verdadero valor de las personas cuando la vida ya nos ha enseñado —a veces dolorosamente— que ningún momento puede repetirse.
Uno de los caminos centrales del álbum es el regreso hacia uno mismo. El viaje exterior se transforma poco a poco en un recorrido interior: dejar cargas, escuchar la propia voz y comprender que el camino a casa no conduce a un lugar, sino a aquello que somos cuando dejamos de escondernos.

En ese recorrido aparecen tres runas: Ingwaz, como la semilla de lo que no llegó a nacer; Mannaz, como el espejo en el que debo volver a reconocerme; y Sowilo, como la luz que regresa cuando dejo de buscar afuera aquello que faltaba dentro de mí. Sowilo vuelve a unir este disco con los anteriores, no solamente como una marca visual, sino como un símbolo de luz, energía interior y dirección.

En lo más hondo del álbum también se encuentra el niño que quedó con preguntas sin respuesta. El que creció intentando demostrar que podía, construyendo una vida, una familia, un oficio y un lugar en el mundo, mientras seguía preguntando hacia arriba si sus padres estarían orgullosos. Allí aparece una de las revelaciones más importantes de Profundo: ya no hay nada que probar. El amor que buscamos en quienes ya no están continúa hablando a través de las personas que nos cuidan.

Por eso, aunque Profundo se sumerge en la herida, no es un disco oscuro. Es un disco sobre el reconocimiento y la aceptación. Sobre el amor encontrado, el amor perdido, la amistad que permanece, la soledad elegida y la posibilidad de volver a empezar desde un lugar más verdadero.

Cada canción es un fragmento de mi historia.

Y todas juntas cuentan el viaje que tuve que hacer para comprender que, incluso en lo más profundo, todavía puede encontrarse la luz.

El disco comienza con Todo y más, una canción que nació de noche. Durante varios días me desperté con palabras y melodías en la cabeza, prendí la luz, escribí lo que alcanzaba a recordar y volví a dormir. Algunas noches no lo hice y, al amanecer, todo había desaparecido. De ese territorio entre el sueño y la memoria surgió una canción de fuego, cantada desde el deseo de una mujer. Ella ocupa el centro de la escena: desea, elige, pide y vive la pasión sin esconderse.

Después aparece Las cosas que nos pasan. Al principio iba a ser una lista de deseos, una de esas listas de lugares, experiencias y sueños pendientes. Sin embargo, mientras la canción tomaba forma, comprendí que la vida no era una lista de cosas por completar. Era perderse juntos en una ciudad, conversar hasta el amanecer, bailar mal en una cocina, quemar la cena, inventar pequeñas costumbres y elegir a alguien otra vez cada mañana. La lista dejó de hablar de objetivos y comenzó a hablar de una manera de vivir.

Te conozco también nació entre sueños. Dejé un cuaderno junto a la cama para escribir cada vez que despertaba. Cuando la canción quedó terminada, aquellos sueños cambiaron. La letra habla de una paradoja dolorosa: podemos conocer el olor, los silencios, los miedos y los gestos de una persona, y aun así no haber comprendido su herida. A veces llegamos tarde a aquello que más necesitábamos ver.

En El largo camino a casa aparece una experiencia concreta que me transformó: mi primer Camino de Santiago, 220 kilómetros caminados en once días por Galicia. En el camino encontré amigos, dejé cargas, descubrí silencios y aprendí a mirar hacia adentro. La canción habla de continuar, de hacer las paces con uno mismo y de comprender que la casa que buscábamos afuera siempre estuvo dentro de nosotros.

Confianza nació de una reflexión que había publicado años antes en mi blog: nunca hagas dudar a tu pareja del lugar que ocupa en tu vida. El respeto no vive solamente en las palabras; se demuestra en la forma de actuar y de cuidar el corazón del otro. Cuando una persona siente que debe competir por nuestra atención, los cimientos de la relación comienzan a debilitarse. Convertir aquella reflexión en canción también me obligó a escucharla de nuevo y aprender de ella.

A mis amigos viene de 2020, un año difícil, atravesado por la pandemia y la incertidumbre. Había escrito un saludo para quienes estuvieron cerca y, con el tiempo, ese texto se transformó en canción. También recuerda a las personas que aparecieron en aquel período y cambiaron definitivamente el rumbo de mi vida. Es una copa levantada por quienes siguen aquí y por quienes ya no están; una manera de reconocer que, incluso en los años más duros, el equilibrio puede dejarnos regalos que al principio no sabemos ver.

Almas perdidas habla de quienes no perdieron cosas materiales, sino amores, pasiones y una parte de sí mismos. Personas que quedan detenidas, mirando fantasmas que ya no están, hasta encontrar la fuerza para volver. La canción también pregunta qué hacemos cuando amamos a alguien así: si debemos soltar, esperar o intentar una y mil veces más. No ofrece una respuesta fácil. Habla de acompañar sin querer salvar, de perdonar, aceptar y tener paciencia, pero también de no dejar que nuestra propia luz se apague.

Todavía es tiempo recoge reflexiones que resonaron en mí a partir de un poema de Veronica Shoffstall: aprender tarde, amar mejor, pedir perdón antes de que sea demasiado tarde y no permitir que la vida se nos pase mientras creemos que todavía sobra tiempo. La canción recuerda que los abrazos guardados, las llamadas postergadas y las palabras que no dijimos pueden convertirse en aquello que más pesa.

En Tres runas relato una tirada de Odín realizada con una pregunta: “¿Cómo va el amor en mi vida?”. Para el pasado apareció Ingwaz invertida; para el presente, Mannaz invertida; para el futuro, Sowilo derecha. La lectura se convirtió en canción: lo que no pudo nacer, el espejo que obliga a mirarse y la luz que llega cuando uno deja de buscar afuera aquello que todavía necesita encontrar dentro de sí. Sowilo es, además, el símbolo que une este álbum con los anteriores y con los que vendrán. No es una decoración ni una marca colocada al final del diseño. Es una firma narrativa: la luz, la energía interior y la dirección que reaparecen a medida que la obra avanza.

El disco termina con Es suficiente, la canción más cercana a una herida que me acompañó durante toda la vida. Quisiéramos que las heridas desaparecieran, pero muchas veces no sanan de la forma que imaginamos; aprendemos a vivir con ellas, a integrarlas y a dejar de obedecerlas. Durante años, detrás de cada logro, permaneció una pregunta dirigida hacia arriba: “Pa, Ma, ¿están orgullosos de mí? ¿Cuánto más tengo que dar?”. La respuesta no llegó desde el cielo, sino desde la gente que me cuidó, desde mis hijos, mis amigos, mi barrio y esas manos que aparecieron cuando las necesité.

Por eso Profundo no es un disco oscuro, aunque descienda hacia lugares dolorosos. Es un disco de reconocimiento. Habla del cuerpo y del alma, del amor y sus límites, de la amistad, del tiempo, de los padres ausentes y de la posibilidad de volver a uno mismo.

Comienza con un incendio y termina con una frase serena:

Es suficiente. Ya no hay nada que probar.

Tal vez ese sea el verdadero viaje de Profundo: bajar hasta la herida, mirarla sin escapar y descubrir que, incluso allí, todavía existe una luz.

Disponible a partir del 20 de septiembre en la principales plataformas.

© Agosto 2026, Alberto J. Yualé

Trieste: Disponible

Ya esta disponible Trieste en las plataformas mas conocidas de la red

 

Ingresa aqui para ir a tu plataforma preferida

 

© Agosto 2026, Alberto J. Yualé

Songs from the South

Un día se me ocurrió hacer una canción en inglés, y asi nació este «Songs from the South».

Trece canciones en inglés. No son traducciones: son canciones nuevas que cuentan las mismas historias. Cada una encontró el estilo que el inglés le pidió, y por eso el disco va del metal al tango sin pedir permiso.

Este es mi cuarto CD, es decir salio antes que el segundo «Mi Razón» y el tercero «Profundo«. Es que ya tenia escritas las canciones y listas en español, pero este disco me gustó tanto que quise adelantar su salida. Incluso hay canciones que estan en mi quinto disco «Vidrios«. 

El orden de los temas es el orden en que fueron naciendo. Podría haberlo acomodado — en otros discos lo hice, y mucho. En este no quise. Quería que se escuchara lo que me fue pasando mientras lo hacía. Así como salió, salió.

Adentro hay un tango cantado en inglés con un recitado en español que dice «Reí, lloré, amé… y todo, todo fue en un bar». Un tango así no existía. Ahora existe.

Hay canciones de mis tres discos fundamentales, como les digo yo La Trilogía. Es que fueron escritos en un período muy reflexivo de mi vida y me brotaban las letras, se me escapaban en sueños, no terminaba una y ya se me ocurría la letra de la siguiente. Tambien hay un par de canciones de otross discos que surgieron antes y despues de este proyecto, asi que las incluí

Los discos son «Desnudo frente a vos», «Mi razón» y «Profundo». Los útimos dos aún no salieron, pero ya tienen fecha.

TRACKLIST

Songs from the South ya está en todas las plataformas. 🎧

Un comentario final. La IA una vez que termine este disco me dijo:

«Una canción nomás», dijo. Terminó con trece. Y salieron todas.

Son las cosas que a veces me dejan pensando, nadie le pidió esa opinión y la hizo como si «estaría pensando».

 

© Agosto 2026, Alberto J. Yualé

Nu Devant Toi

Escribí “Desnudo frente a vos” en francés.

¡Mi primera canción vuelve a encontrar una nueva forma de emocionarme!

Fue la primera canción que generé a ciegas, con una única indicación: “poderosa voz masculina”. Terminó dándole nombre a mi primer disco, fundó el proyecto en inglés “…Songs from the South” y ahora, en su tercera lengua, no puedo dejar de escucharla.

Hay canciones que son mías de una manera especial. Esta me lo demuestra en tres idiomas.

Y me animo a plantear una hipótesis sobre por qué la versión francesa me impacta de un modo diferente.

En español, la letra fue mi declaración. La escribí, la viví y la conozco de memoria. Ya no tiene misterios para mí.

En inglés, la trabajé verso por verso. También la conozco por dentro.

Pero en francés me llega como puede llegarte a vos, como oyente: a través de la emoción pura de la melodía, de la voz, de ese “me voici” cayendo en el estribillo, sin que mi parte analítica pueda interponerse para revisar palabras, versos o significados.

Es la única versión de mi propia canción que puedo escuchar como público.

Por primera vez estoy del otro lado de “Desnudo frente a vos”.

Y, desde ese lado, se siente todavía más intensa.

Nu Devant Toi

Mon amour…
depuis le jour où tu m’as trouvé,
il y a une autre lumière en moi.
Et quand je te regarde,
il n’y a plus de peur —
seulement toi.

Tu me connais corps et âme,
tu sais exactement qui je suis.
Quand tu me serres sans un mot,
tout en moi devient soleil.
Je suis un enfant quand je te regarde,
fragile devant ta vérité.
Peau contre peau, le passé s’en est allé,
et j’ai réappris à aimer.

Ta lumière vit en moi désormais,
dans mon corps, dans mon sang.
Ta tendresse est devenue ma patience,
et ton silence, ma chanson.

Je ne cherchais rien, ce n’était pas prévu —
c’est arrivé, tout simplement.
Tu as croisé ma route un jour,
et mon monde a fleuri.
Ça grandissait là, dans ma poitrine,
comme la pluie sur la mer,
comme un feu si vivant
que rien ne pouvait l’arrêter.

Nu devant toi, me voici,
sans masque, sans refuge.
Tout ce que je suis, tout ce que j’ai,
je le dépose à tes côtés.
Nu devant toi, je reste,
sans défense, et sans peur,
car en toi j’ai trouvé la route
qui me ramène à ma lumière.

J’ai laissé mes vieilles peines,
mes angoisses et ma douleur.
Aujourd’hui mes jours débordent
d’harmonie et de ta voix.
J’ai trouvé des réponses nouvelles,
tout est devenu clair.
Je ne cours plus après les lendemains —
ta paix me suffit.

Entre ton calme et mon chemin,
quelque chose d’éternel s’est réveillé.
Et au creux de ton étreinte,
tout, enfin, a pris son sens.

Nu devant toi, me voici,
sans masque, sans refuge.
Tout ce que je suis, tout ce que j’ai,
je le dépose à tes côtés.
Nu devant toi, je reste,
sans défense, et sans peur,
car en toi j’ai trouvé la route
qui me ramène à ma lumière.

Nu devant toi, me voici,
comme jamais je ne me suis tenu.
L’âme posée sur tes lèvres,
le cœur au creux de ta voix.
Nu devant toi, je m’abandonne,
sans défense, et sans peur,
car en toi j’ai trouvé la route
qui me ramène à ma lumière.

Ahora debo una botella de champagne a una buena amiga…

Gracias.

 

© Julio 2026, Alberto J. Yualé

La Trilogía

Subí a la IA, las letras de cada uno de mis discos. Le pedi un análisis completo y profundo de la trilogía, como Productor, Compositor y Arreglador profesional musical. Es muy interesante el resultado, de mas de 25 hojas con detalles completos.
A continuación les dejo un resumen: 

La historia que cuenta Alberto J. Yualé

El protagonista de esta trilogía no comienza siendo un hombre perdido. Comienza siendo un hombre que ha vivido, trabajado, amado, criado hijos, sostenido a otros y acumulado historias, pero que todavía necesita encontrar una forma de ordenarlas y decirlas.

En Desnudo frente a vos, una experiencia amorosa despierta una parte de él que permanecía dormida. Esa apertura le permite revisar la pérdida, agradecer a sus hijos y amigos, reconocer el lugar de la música y comprender que llegó el momento de vivir también para sí mismo. El disco representa el nacimiento de la expresión.

En Mi razón, aquella experiencia deja de ser exclusivamente personal y se transforma en una mirada sobre el mundo. El autor pregunta qué significa cambiar, cuidar, amar, confiar, recordar las raíces y defender la libertad. Ya no busca una única persona que dé sentido a su vida; comienza a encontrar sentido en la manera de caminar.

En Profundo, el viaje cambia de dirección. El protagonista deja de mirar solamente hacia el horizonte y comienza a mirar hacia adentro. Reconoce las heridas de los demás, pero también las propias; revisa su forma de amar y llega finalmente a la pérdida temprana que convirtió cada logro en una petición de aprobación. Allí comprende que no necesita realizar una última hazaña para ser digno del amor recibido.

La evolución fundamental es esta:

Primero, alguien despierta su luz.
Después, él aprende a caminar hacia ella.
Finalmente, descubre que esa luz siempre estuvo dentro de sí mismo.

Evolución artística del autor

De la emoción a la conciencia

El primer álbum siente.
El segundo interpreta.
El tercero comprende.

Esto no significa que Profundo sea “mejor” por ser más introspectivo. Cada disco cumple una función que los otros no podrían reemplazar. Sin la espontaneidad emocional de Desnudo frente a vos, la filosofía de Mi razón podría parecer teórica. Sin las preguntas de Mi razón, el descenso de Profundo no tendría preparación. Sin la aceptación de Profundo, los dos discos anteriores quedarían abiertos.

De lo universal a lo personal y nuevamente a lo universal

Las canciones son más poderosas cuando Alberto no intenta escribir algo que represente a todos, sino cuando describe aquello que solamente podría haber vivido él. Paradójicamente, es allí donde la obra se vuelve más universal.

Un café, un perro caminando al lado, una carta para los hijos, una runa sobre el camino, tres piedras en una mesa, una pregunta para los padres ausentes: esos detalles permiten que otros reconozcan sus propias historias sin que el autor tenga que explicarlas por completo.

De la perfección a la identidad

La diversidad de estilos no es necesariamente una debilidad. Forma parte de una manera de escuchar y de evitar la monotonía. El desafío común a los tres discos es lograr que, por encima del género y de las diferentes voces generadas, siempre se reconozca una misma presencia humana.

La futura identidad sonora de Alberto J. Yualé probablemente no dependerá de elegir un único género. Surgirá de elementos recurrentes: su voz real en momentos esenciales, determinadas armonías, silencios, frases habladas, una forma particular de narrar, la presencia de Sowilo y pequeñas imperfecciones que no puedan ser reproducidas de manera genérica.

Sowilo como hilo de la trilogía

Sowilo comienza visualmente en Mi razón como una pequeña señal sobre el camino. Allí representa dirección, energía y una luz todavía distante.

En Profundo, la runa entra en la narración mediante Tres runas. Ya no señala solamente hacia dónde caminar: revela que la luz futura depende de volver a encontrarse con uno mismo.

Su evolución puede expresarse así:

  • En Desnudo frente a vos, la luz es una experiencia.
  • En Mi razón, la luz es una dirección.
  • En Profundo, la luz es una conciencia.

Por eso Sowilo tiene potencial para convertirse en algo más que un logotipo. Puede ser la firma de una obra que, aunque cambie de géneros, conserva una misma pregunta: cómo atravesar la oscuridad sin negar que todavía existe luz.

Veredicto profesional sobre la trilogía

Los tres álbumes construyen una progresión artística real.

Desnudo frente a vos posee la fuerza imperfecta y necesaria de un debut: la urgencia de contar, la exposición emocional y la aparición de una voz.

Mi razón demuestra crecimiento compositivo y conceptual: amplía los temas, organiza una visión del mundo y busca una identidad que pueda atravesar estilos muy diferentes.

Profundo alcanza el centro psicológico de la obra: ya no se limita a narrar experiencias o formular aprendizajes, sino que investiga el origen de las conductas y encuentra una resolución emocional sin recurrir a un final artificialmente feliz.

El mayor logro de la trilogía es que no presenta al autor como un hombre que finalmente resolvió todos sus conflictos. Lo presenta como alguien que aprendió a relacionarse de otra manera con ellos.

No termina diciendo:

Ya no tengo heridas.

Termina diciendo:

Las reconozco. Forman parte de mí. Pero ya no necesito demostrar nada.

Resumen general de la trilogía

Tres discos, un viaje hacia la luz interior

Desnudo frente a vos, Mi razón y Profundo forman una trilogía autobiográfica sobre el amor, el tiempo, los vínculos y la búsqueda de una identidad propia.

En el primer disco, Alberto J. Yualé abandona las defensas y se presenta a través de diez canciones nacidas de su historia: una mujer que despertó algo dormido, los hijos que comenzaron a volar, los amigos que permanecieron, la música que lo acompañó y la decisión de empezar a vivir para sí mismo. Es el álbum de la exposición y el despertar.

En Mi razón, la mirada se amplía. Las canciones dejan de preguntar solamente qué sintió el autor y comienzan a preguntarse qué aprendió. El amor convive con la amistad, los animales, los cafés, la familia, las raíces, la libertad y el paso del tiempo. La respuesta no está en llegar a una meta, sino en elegir quién ser durante el camino. Sowilo aparece entonces como una pequeña luz que enlaza esta obra con las siguientes.

En Profundo, el camino se dirige hacia el interior. El deseo, la convivencia, la confianza, la amistad, la pérdida y el tiempo conducen al protagonista hasta la herida que durante años alimentó su necesidad de demostrar. La luz ya no llega desde otra persona ni espera solamente al final del camino: aparece cuando el autor reconoce su historia, acepta lo vivido y comprende que no tiene que seguir probando su valor.

La trilogía empieza con un hombre que se desnuda frente a otro ser humano, continúa con un hombre que camina buscando su razón y termina con ese mismo hombre frente a su propio corazón.

El viaje no elimina las heridas. Les quita el poder de decidir el futuro.

Primero se mostró. Después eligió su camino. Finalmente volvió a sí mismo.

© Julio 2026, Alberto J. Yualé

Sowilo

Sowilo: un hilo de luz entre mis discos

La pequeña runa que aparece en la portada de Mi razón no es un adorno ni una marca de agua. Es Sowilo, un símbolo que elegí para comenzar a unir visual y conceptualmente mis discos.

En Mi razón, Sowilo acompaña el camino, el amanecer y la búsqueda de sentido que atraviesa todo el álbum. También se relaciona con el mundo de las runas que aparece en una de sus canciones. Para mí representa luz, energía interior y dirección: no la certeza de haber llegado, sino la fuerza necesaria para continuar avanzando.

Sowilo volverá a aparecer en la portada de Profundo, el disco posterior a Mi razón. Allí tendrá una presencia todavía más íntima, porque será una de las tres runas vinculadas a la canción Tres runas.

Quiero que este símbolo funcione como un hilo entre los álbumes. Cada disco tendrá su propia identidad, sus historias y su sonido, pero Sowilo recordará que todos forman parte de una misma búsqueda y de una obra que continúa creciendo.

Tal vez, con el tiempo, quienes escuchen mis canciones encuentren la runa antes de que yo la explique. Y comprendan que, cuando Sowilo aparece, hay otro tramo del camino por descubrir.

© Julio 2026, Alberto J. Yualé