Almas Perdidas

Hay personas que no pierden casas, dinero ni objetos. Pierden algo mucho más difícil de reemplazar: un amor, una pasión, una ilusión, una parte de sí mismas.

Y a veces, después de esas pérdidas, quedan detenidas.

La vida continúa alrededor, pero ellas permanecen mirando hacia atrás, conversando con recuerdos, esperando algo que ya no está. No necesariamente porque quieran vivir en el pasado, sino porque todavía no encontraron la manera de regresar.

De esa idea nació Almas perdidas.

Pero mientras escribía la canción apareció otra pregunta, quizá todavía más difícil: ¿qué sucede cuando nos enamoramos de alguien que está en ese lugar?

¿Cómo se ama a una persona que todavía mira fantasmas que nosotros no podemos ver?

¿Hay que ayudarla?
¿Esperarla?
¿Insistir?
¿O llega un momento en que hay que soltar?

La canción no intenta responderlo de una manera sencilla.

El protagonista se acerca “despacio, sin hacer ruido”, consciente de que acompañar no significa irrumpir. Entiende que amar no da derecho a borrar el pasado del otro ni a obligarlo a olvidar. Y descubre algo todavía más importante: tampoco puede convertirse en su salvador.
Por eso Almas perdidas no es una canción sobre rescatar a alguien.

Es una canción sobre permanecer cerca sin invadir.

Sobre aceptar que algunas heridas necesitan tiempo. Sobre perdonar aquello que quizá nunca terminemos de comprender. Sobre tener paciencia cuando el amor no avanza a nuestra velocidad.

Pero también sobre no desaparecer nosotros dentro de la espera.

Hay una línea que para mí define buena parte de la canción:

“aprendiendo a esperarte sin dejarme apagar.”

Porque amar a alguien que todavía está peleando con su pasado puede convertirse también en nuestra propia batalla. El desafío es acompañar sin exigir, pero también sin rompernos en el intento.

Por eso aparecen tres palabras que funcionan casi como el corazón de la canción: aceptar, perdonar y tener paciencia.

El amor no siempre puede solucionar el dolor. A veces sólo puede sentarse a su lado.

Y de allí nace también el “una y mil veces más”.

No como una promesa ciega de insistir eternamente, sino como la decisión de volver a intentar mientras todavía exista, de los dos lados, alguna voluntad de regresar.

El final quizá sea la parte más delicada de toda la canción. Ya no hay pedidos ni condiciones. No se exige que esa persona esté preparada, ni que corra hacia quien la espera.

Solamente queda un deseo:

que algún día, cuando pueda hacerlo sin miedo, se anime nuevamente a vivir.

Almas perdidas nació en castellano, pero después encontró otras voces y otros idiomas. Llegaron las versiones en inglés, italiano y francés. Y esta última incluso terminó sonando en París.

Tal vez sea porque, más allá del idioma, hay algo profundamente universal en esta historia.

Todos hemos perdido algo alguna vez.

Y probablemente todos, alguna vez, estuvimos de uno de los dos lados de esa puerta: esperando que alguien regresara… o intentando encontrar el camino para volver.

Una y mil veces más.

 

Escuchar «Je Te Choisirais Encore» en francés

Escuchar «Mille Volte Ancora» en italiano

Escuchar «I’d Still Choose You» en inglés


© Septiembre 2026, Alberto J. Yualé

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.